
DEUS VULT
Valerio Meridio
Te salen ojeras y te ves más desmejorado. Te das cuenta que tus mayores tenían razón. No sales entre semana y te cuesta salir el finde. Cocinas y cualquier rapaz es mas alto que vos. Te levantas de la cama como si en vez de dormir te hubieras pasado la noche cavando zanjas. Mientras la tecnología te apalea, te hechas crema hidratante. Reflexionas sobre esa nueva moda ridícula y te das cuenta que tus ídolos son menores que vos. Zas! te tengo noticias, ¡Estas viejo!
A veces no me siento bendecido por haber vivido bastante tiempo para tener mi barba gris, o que mis experiencias se hayan grabado en surcos profundos en mi rostro. No tenia planes para esta edad, por el sencillo hecho que creía que moriría joven.
No le tengo miedo a la muerte, cuando la Parca me sonría, le devolveré una sonrisa desafiante, al menos eso es lo que ahora creo, con firmeza, sin dudas. Habiendo visto a muchos amigos queridos dejar este mundo demasiado pronto; antes de que pudieran entender siquiera lo que es perder la masa muscular, no es de extrañar que uno no se viera como un abuelo precisamente. El fracaso que pudieran tener mis hijos en la vida, eso si me da miedo. Después de todo soy del tipo que iría hasta el mismo infierno, agarraría al diablo de la cola y lo daría contra el suelo si tratara solo de mirar a mis hijos. Es que sin duda alguna, si Dios está conmigo, ¿Quién estaría contra mí? Deus Vult, porque Dios así lo quiere.
Hijos, si, mas altos que yo, se lo ve poderosos y a punto de conquistar el mundo. Pero yo se algo, todavía me necesitan, un consejo, una aprobación, una mirada de orgullo por ellos. Así que vuelo en círculos sobre ellos, la mirada fija, atento a picar para estar presente cuando fuera necesario, o aunque no lo fuera. ¿Y entonces? no hay duda, debo reinventarme por ellos.
Claro que reinventarse no es fácil, mientras uno medita como pasa el tiempo y le dicen señor, ya nos están llamando don. Entonces miro hacia atrás y decido que ha sido una vida excelente, ha sido un gran viaje, mereció la pena. Voy a darle una oportunidad a ese futuro incierto y cada vez más achacoso. Busco esa fuerza moral que me hizo posible vivir mis sueños y aventuras, y la aplico a lo que queda de ruta.
La vejez, decidí, es un regalo. Ahora soy, probablemente por primera vez en mi vida, la persona que siempre he querido ser. Nunca cambiaría mis amigos , mi vida maravillosa, mi familia cariñosa por un pelo menos gris o un vientre más plano. Envejeciendo me he hecho más bueno conmigo mismo y menos crítico.
Acéptalo y te amigarás contigo mismo. Yo no me regaño por comer una factura de más, tomarme dos vinos o por no hacer mi cama o por comprar algunas cosas que no necesito pero que me gusta tener en mi casa.
Pienso que me lo merezco y me doy el permiso de una extravagancia de vez en cuando. Después de todo, hay que mantenerse feliz, es lo que me permitirá volar en círculos, recuerda?
Si elijo leer o maratonear una serie hasta las 4 de la madrugada y después dormir hasta mediodía es asunto mío, genial, no? Practico mis hobbies sin días ni horarios. Cuando nadie me ve, bailo solo al son de esas notas maravillosas de varias décadas atrás, y si, al mismo tiempo, deseo aullarle a la luna, lo hago.
Ando con vestido con ropas cómodas, elijo hacerlo a pesar de la mirada de compasión de los que me miran, que dicho sea de paso ya no me hacen mella. Es que sé un secreto, ellos también se harán viejos.
Sé que, a veces, soy olvidadizo. Pero allí, otra vez, algo de la vida se puede más bien olvidar. Y al final recuerdo las cosas importantes. Es cierto también que en mi vida mi corazón a veces se ha roto, pero cómo puede tu corazón no romperse cuando pierdes a una persona querida y tu círculo de afectos se achica mientras van partiendo.
Pero ojo, los corazones rotos son lo que nos dan elasticidad, fuerza, comprensión y compasión. Un corazón que nunca se ha roto nunca conocerá la alegría de ser imperfecto.
Y en todo este proceso, cuando te haces viejo es más fácil ser positivo si así lo decides. Te preocupas menos por lo que piensa la gente. Te has ganado el derecho a no ser perfecto. Así pues, al final de cuentas, descubrí que me gusta ser viejo... Me ha dado la libertad.
Me gusta la persona en que me he convertido. No voy a vivir para siempre, pero mientras estoy aún aquí, no perderé el tiempo en lamentarme por lo que habría podido ser o en preocuparme por lo que será.
Comeré el postre cada día (si me da la gana). Y el día que lo necesite, por que sea más viejo, quizás no me importara pedir ayuda, a quién está preparado para prestármela.
Y hasta aquí llego con esta introspectiva, son las 3 am, me duele la cabeza, escribí sin anteojos porque no recuerdo donde los dejé, pero que importa, soy un viejo, pero soy libre, no está del todo mal.



Sus valores y normas son las que sostendrán a la sociedad través del respeto, la identidad común, la cultura compartida y las normas de convivencia.
La organización de la sociedad es una estructura mediante instituciones, leyes y un orden político que permite la interacción y el desarrollo de sus individuos.
A ello sumemos la educación, otro pilar fundamental para la transmisión de conocimientos y valores, esencial para el funcionamiento social.








Tucumán agradeció la solidaridad del Gobierno de Santa Fe por el envío de 40 mil repelentes







