
A festejar las fiestas y no morir en el intento
Valerio Meridio
Así que a buscar y desempiojar el arbolito, comprarle unos adornos nuevos, haciendo todo lo que sea menester y tradición. La Navidad para muchos es una celebración religiosa, pero la mayoría las considera una ocasión para la reunión familiar y el balance anual, ya que pegadito está el Año Nuevo. Llenas de tradiciones, también suelen ser motivo de disputas, estrés, ansiedad y hasta depresión.
En mi caso particular las dos fiestas, tanto en Navidad como en Año Nuevo las pasaba en mi casa paterna, inclusive después de casado, ella en su ciudad y yo en la mía, alegremente cada carancho en su rancho, claro, hasta que llegó el primer hijo y hubo que organizarse una en cada familia.

Dicen que todo tiempo pasado es mejor, y es cierto, veo como en cada familia pasa lo mismo, cuando desaparecen los abuelos, cambia el clima de las fiestas y es un reorganizarse otra vez, generando nuevas costumbres y el ciclo comienza una vez mas. En estos días de celebraciones y padecimientos hay una presencia que se hace muy fuerte: los ausentes. Nada más presente que un muerto. En estas Fiestas se pone a prueba la calidad de esos amores señeros y determinantes en la vida de una persona. El buen amor, el amor generoso, que dona, permite duelos rápidos y reparadores. Las consulta psicoanalíticas para fin de año, se vuelcan a la ansiedad, ya que semanas antes del Día D circula el discurso paranoico que pretende evitar todo tipo de situación desagradable o la imposición de condiciones respecto de dónde, con quién y por qué. También las fobias están a la orden del día.
Generalmente la fiesta empieza a eso de las tres o cuatro de la tarde, con el fuego para el lechón. El asador es siempre el mismo, un poco porque se hizo la fama, un poco por el orgullo y ya encara solo, pero solo una cosa es segura, el calor...siempre calor. Para que el cocinero no se deshidrate ya comienzan a darle líquidos que no es agua, y como es malo beber solo, siempre alguno acompaña en el tirón. Y buéh, como no es agua, aparece el tradicional mamao, que si no fuera por algún comensal que cae saludando ¡Feliz Navidad! se le olvida cual era la ocasión. Y lo mas probable que a la cena se siente a la par del pariente que está peleado, porque ya ni se acuerda de eso y menos del porqué, demostrando así que la Navidad sí es amor y reencuentro.

Después existe ese, como en mi ciudad, que año a año le toca armar el pesebre viviente, el solito se la busca. Pero pone cara de circunstancias y resignación como que si no fuera por él, nadie estaría a la altura. Su primer problema era quién interpretaba a la Virgen, sólo digamos que tiene una puntería para conseguir a alguien que tenía la, llamémosle "virtud", de hacernos rememorar algunas cosillas que nada tiene que ver con su papel a interpretar. Pero la mejor fue cuando llevó al negro Wakanda que obviamente hacía de Baltazar, que estaba a un tris tras del coma alcohólico y se quiso levantar a la Virgen. Lo único que se le entendió es ¡No sea así, cuñá! cuando la hermana de quien sufría los embates se llevó su bebé, que hacía de Jesús, cuando Wakanda dijo mirándolo fijamente, ¡Ni pariente del padre!
Cerca de las doce se arma el otro zafarrancho ¡Mirá la hora! ¡El brindis! ¡Destapen la sidra!. Corren de un lado a otro buscando el turrón rompedientes, cortan el pan dulce y demás menudencias. Uno que vuelca la copa y otro que directamente la rompe, y por atrás viene el grito, al quedar incompleto el juego de la tatarabuela para ocasiones especiales. Generando rencillas que traerán consecuencias hasta las próximas fiestas. Terrible alboroto para cinco minutos después salir a ver los fuegos artificiales, que cada año son más paupérrimos.

Los fuegos artificiales, me encantan, es el ejemplo literal de como quemar la plata. Es una calamidad que los prohíban por culpa de adultos que no toman las debidas precauciones o no controlan sus menores. Ud me dirá que pobres los perritos, pero yo digo que son el vivo reflejo de sus dueños. como ejemplo van los míos, que corren y saltan de alegría al verlos. El sólo hecho que alguien en el barrio tire fuegos artificiales a las doce por algún cumple de 15 basta que para que los cánidos me azoten la puerta para salir a verlos.
Solo recuerda lo que dijo Benjamín Franklin “La paz y la armonía constituyen la mayor riqueza de la familia” . Disfruta de verlos a todos juntos otra vez, sin darle mucha importancia a ciertas situaciones, devuelve el favor a tus mayores y sé como el tío, el abuelo o aquella persona que siempre te hizo feliz para las fiestas, para tus sobrinos, hijos o cualquier otro rapaz que corra haciendo bochinche alrededor de la mesa. ¡Felices fiestas!.








Sus valores y normas son las que sostendrán a la sociedad través del respeto, la identidad común, la cultura compartida y las normas de convivencia.
La organización de la sociedad es una estructura mediante instituciones, leyes y un orden político que permite la interacción y el desarrollo de sus individuos.
A ello sumemos la educación, otro pilar fundamental para la transmisión de conocimientos y valores, esencial para el funcionamiento social.




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