
Los chichos están evolucionando y no me gusta
Valerio Meridio
Si miramos hacia atrás, los perros siempre han sido nuestros compañeros de combate, ayudándonos a cazar, cuidando el ganado o protegiendo la casa. Pero los tiempos han cambiado, y ellos también. Hoy ya no necesitamos un perro que nos acompañe a cazar mamuts, necesitamos uno que nos haga compañía, un amigo confiable, mejor que los cientos de amigos virtuales que a la postre, a mayor número son mejor sinónimo de nuestra soledad, y así, están mientras trabajamos en casa o salimos a pasear al parque. Este cambio en la relación entre humanos y perros ha llevado a los científicos a descubrir algo interesante.
Un grupo de investigadores liderado por Brian Hare y Vanessa Woods, de la Universidad de Duke, lo llama la «tercera ola de domesticación.» A lo largo del tiempo, los perros ya pasaron por varios procesos para integrarse mejor en la vida humana, y ahora, más que su fuerza o su apariencia, se está valorando su comportamiento y personalidad. Los perros que vemos hoy en día parecen hechos a la medida para un estilo de vida moderno.
El cambio en la actitud de los perros
Hace miles de años, los lobos salvajes fueron los primeros en acercarse a los humanos en busca de comida. Con el tiempo, los más dóciles se ganaron nuestra confianza y se convirtieron en los antecesores de los perros de hoy. Esa fue la primera fase de domesticación, en la que ambos nos ayudábamos mutuamente: ellos cazaban con nosotros o cuidaban nuestras aldeas, y nosotros les dábamos comida y refugio.

Después, durante la Revolución Industrial, comenzó una segunda fase en la que se empezaron a criar perros más por su apariencia que por su utilidad. Nacieron muchas razas, cada una con sus características físicas específicas, y poco a poco la funcionalidad pasó a un segundo plano. Pero ahora, en esta «tercera ola» de domesticación, el enfoque ha vuelto a cambiar. Lo más importante ya no es cómo se ven o qué tan fuertes son, deben ser tranquilos, sociables y capaces de convivir con nosotros en entornos urbanos.
Un perro para el siglo XXI
Lo que los investigadores están viendo es que los perros de hoy no necesitan ser guardianes o cazadores, necesitan ser compañeros que se adapten al ritmo de nuestras vidas. En el caso de los perros de servicio, son un claro ejemplo de este nuevo tipo de adaptación. Estos perros tienen habilidades sociales avanzadas, como reconocer emociones humanas y mantenerse tranquilos en situaciones estresantes. Son justo el tipo de perros que encajan con las necesidades actuales: amigables, tranquilos y capaces de manejar el caos de la vida moderna.
Lo más interesante es que estos cambios están ocurriendo en tiempo récord, en apenas una o dos generaciones. Esto es porque los humanos han cambiado radicalmente el entorno en el que viven los perros. Ahora los perros pasan más tiempo en espacios pequeños, como departamentos, y tienen menos actividad física. Lo que más se busca es que puedan acompañar a las personas sin generar problemas: que no ladren demasiado, que no se pongan nerviosos en lugares públicos y que puedan quedarse tranquilos mientras sus dueños trabajan desde casa. Que en definitiva, sean menos perros y mas un objeto casi decorativo.
Hare y Woods comparan esta evolución con un experimento que se hizo en Rusia en los años 50, donde criadores seleccionaron zorros que eran más dóciles. En solo unas cuantas generaciones, esos zorros empezaron a mostrar comportamientos mucho más amigables, casi como los de los perros. Algo similar está pasando ahora con los perros: estamos moldeando su personalidad al buscar animales que se adapten a nuestra vida diaria.
En el futuro, es muy probable que los perros sean aún más sociables y tranquilos. Ya no será necesario tener un perro que cuide la casa o que sea extremadamente activo. Se valorarán más las habilidades emocionales, como la capacidad de permanecer calmados en situaciones estresantes o de convivir con otros animales sin conflictos. Básicamente, estamos buscando compañeros ideales para la vida urbana.
Mientras tanto en mi casa
El despreciado, como le digo a veces, es Vrako Chichor von Perren, de visible paladar negro, sin embargo es mestizo, cruza entre una Pitbull libertina y un gran Presa Canario salta tapias. De estampa musculosa en sus años mozos, un asesino sin corazón que se ensalzaba en peleas por puro placer, me costó mucho frenar su ímpetu, en esfuerzo y dinero, ya que don veterinario es caro, y no siempre salir victorioso es salir sin heridas. Cuando estuvo en condiciones de andar sin correa, me di cuenta que adquirió otra característica, parece sentir absoluto desprecio por todo y por todos los desconocidos, perros o humanos. No importa quien lo llame, intente una caricia, o can que le ladre, el continua con sus cosas impertérrito, ignorándolos despreciativamente, solo me responde a mí. Debe ser un absoluto amigo de la familia para que le haga un poco de fiesta. Puedes sacarlo a pescar o al campo y no lo ves mas, solo vuelve para asegurarse que estas y parte de nuevo, bastando un par de bocinazos para que aparezca otra vez. Perro duro, estructurado, antipático y obediente, estaba orgulloso de él dándome loas a mi mismo pensando que no hay cosa que no se parezca al dueño, claro, eso hasta que apareció Bodoque, que a los efectos prácticos... soy el dueño.
Llegado como regalo de la noviecita de turno de mi hijo, Bodoque es un perro de raza, un American Bully, de pelo liso que posee una gran fuerza para su tamaño. Una de las razas más buscadas actualmente y por lo general, al American Bully se le vincula con la cultura hip-hop. Aunque bastante musculoso, es activo y ágil. Su estampa amilana no digo a muchos, pero si a casi todos. Mientras a Vrako intentaban acariciarlo, a Bodoque se lo quedan admirando de lejos, pero sin asomo de acercarse a acariciarlo, así de fiero es su porte. Pero es el ejemplo perfecto de la evolución actual del perro. Mientras tomaba unos amargos el estaba sobre mis pies por su voluntad y bien incómodo, como siempre. Y mientras escribo esto está sentado otra vez en mis pies, incomodidad que he aprendido a ignorar, ya que por mucho que lo saque, así sea de mala manera, otra vez vuelve a esa posición. Su amor es bien tóxico, asfixia y molesta, necesita contacto físico continuo. Otra característica es que quiere a todo el mundo, le sobra amor para todos, y de esa forma me lo llevaron una vez, por lo que ahora corre y anda por el parque pero tiene el cuidado de quedarse a distancia visual, definitivamente no cumple la función de perro, pero es lo que hoy se busca.
El miedo era que Vrako, bien merecido su nombre, se lo comiera, pero increíblemente le cedió su cucha y hasta su comida, quizás entendiendo que era cachorro. Bodoque mutó su nombre, antes era uno mas épico, pero enseguida que se vieron sus características de comportamiento Zaz! cambió a Bodoque. Vrako me ayudó bastante en su educación, llegando a morder su gordo culo cuando en una distracción quiso cruzar la calle y venia un vehículo, baste decir que Bodoque ahora espera, como el viejo Vrako, en el cordón, hasta que crucemos todos juntos. El cachorro siempre recibía algún correctivo del viejo, porque Bodoque es intenso y mas de cachorro, así que lo dejaba, de paso aprendía que perro mandaba en casa. En previsión de la futura disputa de poder, siempre le di antes de comer a Vrako, ostensiblemente, mientras él espera sentado junto a su plato.

Llámenme retrógrado, pero el perro que no hace de perro, solo nos esclaviza porque lo humanizamos cada vez mas, desde simples juguetes y ropas, hasta con psicólogos de perros, ya que como los hijos, creo firmemente que sus faltas son las fallas de sus padres. Por ejemplo, la gran campaña contra la pirotecnia solo es para ocultar la falta de capacidad de los dueños de perros, que si bien por un lado tienen el oído sensible, por el otro los míos me rayan la puerta si no le abro enseguida para salir a ver el espectáculo, y ya de paso salimos todos, sobre todo en navidad y fin de año disfrutan como chicos, porque del porche de mi casa se ve toda la ciudad.
Los viejos perros de la casa, no cabían en su alegría al verte con una escopeta, sabían lo que venía, campo, rastreo, la fuerte detonación del disparo y a traer la presa, era una simbiosis perfecta, pero el cazador hoy es hostilizado, sin tener en cuenta que son los agroquímicos los que ralearon perdices, condenando de paso al verdadero perro a vivir encerrado en un patio, o peor, languideciendo en algún departamento. Con que nostalgia recuerdo aquellos Tom, Toby, Capitán y Sargento, nombres populares, con sus leyendas y puro corazón, mientras los nuevos nombres como Sol, Nube, Copo, Yoda, Ron, Cherry o Gazpacho, ya anuncian caras horas de sesiones de psicólogos perrunos por que un trueno los alteró . Ahhh!!! esos pichos que vivían de las sobras y no conocían veterinario, pero con longevas vidas útiles, con esos perros podías bicicletear seguro porque ni un cuzco malandrín te garronearía, él estaba ahí para vos. ¿Será que hasta en los perros gana la cultura woke? Trato de hacer de Bodoque un perro recio, pero saltó detrás mío, tratando de sentarse en la misma silla. Lo quiero salvaje y antipático como el viejo Vrako, sin embargo a todas luces se ve que es una tarea tan aciaga como inútil, aunque no dejaré de intentarlo, condenado perro arco iris que a su manera se hace querer.



Sus valores y normas son las que sostendrán a la sociedad través del respeto, la identidad común, la cultura compartida y las normas de convivencia.
La organización de la sociedad es una estructura mediante instituciones, leyes y un orden político que permite la interacción y el desarrollo de sus individuos.
A ello sumemos la educación, otro pilar fundamental para la transmisión de conocimientos y valores, esencial para el funcionamiento social.








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