
Los carapintadas
Valerio Meridio
Todo comienza en Semana Santa de 1987, un grupo de oficiales y suboficiales que habían combatido contra la extrema izquierda y luego en Malvinas, conducidos por Aldo Rico, se acuartelaron en la Escuela de Infantería de Campo de Mayo. el presidente Alfonsín anunció que iría al sitio a obtener la rendición de los carapintadas.
Los medios de comunicación crearon un ambiente épico y de tensión, tanto que mientras Alfonsín se dirigía al lugar los lugareños salían con banderas argentinas. Por otro lado, los sectores políticos movilizaban a los civiles por lo que estaba ocurriendo, aún cuando todavía nadie sabía que sucedía, pero dando pie a un relato que la sociedad lamentablemente creyó.
Luego que Alfonsín se encontrara cara a cara con Rico, el levantamiento terminó, los carapintadas, como se los empezó a llamar, o el sector nacional del Ejército como ellos mismo se identificaban, afirmaban con contundencia que no se levantaban en contra de la democracia, ni que estaban llevando a cabo un golpe de estado. Rico llegó a decir que si fuera un golpe de estado, hubieran tomado la Casa de Rosada, no la Escuela de Infantería.
Era una reacción a la era pos guerra subversiva y pos guerra de Malvinas, en donde las FFAA estaban siendo destruidas, lamentablemente el tiempo les dió la razón. Había quejas por la corrupción del generalato, los veteranos de guerra en vez de ser tratados como héroes, eran tratados de forma miserable.
Entendían que para recuperar el Ejército Argentino, debían lograr la renuncia del generalato, conducidos por el General Ereñú, ya que no representaban a los subordinados. Otro punto era lograr un mayor financiamiento de las FFAA. por último una solución definitiva a las secuelas políticas de la guerra contra la subversión.
A su decir, el generalato era corrupto intelectual y espiritualmente. El generalato no estaba a la altura de los problemas de las FFAA en general ni del Ejército en particular. No tenían la voluntad ni el coraje de detener la maniobra antimilitar de destrucción de las FFAA, llevadas a cabo por Alfonsín. Hicieron lo que el jefe de Estado Mayor debió haber hecho, decían, solo que los comandantes podrían haberlo hecho sin crisis ni conmoción.
La primera consecuencia de este levantamiento fue la Ley de Obediencia Debida, que en la práctica significaba la no penalización de aquellos que combatieron a los subversivos, ya que actuaron respaldados legalmente por decretos presidenciales en defensa de la Nación. Otra consecuencia fue el reemplazo del general Ríos Ereñú por el general Caridi, de la misma calaña al decir de los nacionalistas, por lo que volvieron a levantarse al año siguiente, esta vez en Monte Caseros.

Nueve meses después de Campo de Mayo, Rico estaba cumpliendo condena con prisión domiciliaria. Habiendo analizado la situación con sus camaradas, claramente fueron engañados por Alfonsín, al ser nombrado el general Caridi, solo fue un cambio de nombre, y no de dirección del Ejército. Rico envió un comunicado en el que expresaba que desconocía la autoridad de Caridi y de los tribunales militares por no ver garantizada la justicia y se escapó. Caridi lo declaró en rebeldía y el Ministerio del Interior ordenó su captura inmediata, tres días después apareció en Monte Caseros, Pero luego de tres día de rebeldía cesaron su accionar y fueron a prisión.
Mientras tanto el coronel Seineldín se encontraba en Panamá, donde fueron varios militares a pedirle que tome la conducción del alzamiento. Acepta solo con la intención de ordenar el caos que se había producido, pero con la intención de formar una unidad con las fuerzas de defensa y de seguridad. Para ello le pide al titular del Ejército Argentino la autorización para concretar la unión. En un principio firmaron un pacto que resultó ser un engaño. Por lo que se sublevó.
Diciembre de 1988 encuentra a los carapintadas en Campo de Mayo con las llamadas fuerzas leales marchando hacia ellos, se produce un intercambio de disparos que no resulta peligroso. Los leales piden parlamento y Seineldín resulta engañado otra vez. Como consecuencia se pasa a retiro a Caridi y Seineldin va preso a Palermo.
Menem, como candidato lo convoca y firma un documento en donde dice que hará un cambio, donde las FFAA estarán a favor de los intereses nacionales, otra vez es engañado. En 1990 se produce el último levantamiento. Estando Seineldin preso, el movimiento se hace bajo las órdenes de Breide Obeid.
Durante el enfrentamiento, hay quienes acusan al general Balza de ordenar disparar sobre sus propios soldados leales para culpar a los carapintadas. Breide Obeid había tomado la sede del Ejército, el edificio Libertador, junto a 50 suboficiales. Mas tarde al ver que estaba en clara desventaja contra los leales toma la decisión de deponer la actitud. Deja a cargo al sargento Verdes, y él comienza los preparativos para rendirse. No queda claro, algunos dicen que el suceso ocurrió en momentos que se agitaba la bandera blanca, lo cierto es que Verdes cayó abatido por un balazo en la cabeza, disparado por un francotirador leal, apostado en una de las terrazas de los edificios frente al Libertador.
Duhalde, ofuscado porque aparentemente le habían disparado, pidió sangre. Desde casa de Gobierno la decisión de Menem había llegado a los jefes militares. Había que aplastar la rebelión y a los rebeldes. Dicen que Menem dijo: “A degüello…”. Diez años después de los hechos confesó a dos periodistas que tal vez, sólo tal vez, lo hubiera dicho en algún momento: “Era una frase del Chacho Peñaloza…”, murmuró con picardía.
Finalmente el presidente Bush de EEUU, pudo ingresar de visita al país, recomendando acabar con el sector nacionalista del Ejército. Cuando se estaban preparando los fusilamientos el Papa llama y recomienda no fusilar a nadie.

Primero a la izquierda, Seineldin el 2 de abril de 1982 en Malvinas.
EL FIN DE LOS CARAPINTADAS
Lo expuesto es mas que escueto para algo tan trascendental posteriormente para las FFAA, sobre todo por la cantidad de muertos, entre ellos, el suicidio de un oficial rebelde. Lo cierto es que en las acciones de la toma del regimiento Patricios se halla el origen de la falta de apoyo posterior en las filas de las FFAA a los carapintadas. Ya que se quiera o no eran camaradas de armas, y aún los que no los apoyaban eran reacios a disparar a un camarada. Por ejemplo, los bombarderos Canberra de la Fuerza Aérea, recibieron orden de bombardear una columna rebelde en el sur de Entre Rios que se dirigía a Buenos Aires. Los pilotos manifestaron abiertamene que no tenían intenciones de dar en el blanco, todos menos uno, que por su actitud, fué saboteada su intencion por sus mecánicos. Ese año los Canberra obtuvieron el primer puesto en un torneo de tiro, pero erraron el blanco por mas de 1 km, a pesar de ello, sin saber cuál era la intención de los aeronáuticos. Impresionados por las explosiones, los rebeldes giraron en redondo volviendo a sus asientos de paz, las bombas amedrentan.
Volviendo al echo de Patricios, el teniente coronel Pita, segundo jefe del regimiento y el mayor Pedernera jefe de Operaciones, ingresaron a la unidad en la creencia que sus suboficiales no les dispararían. A Pita lo encontraron con seis balazos en el tórax y el abdomen y otros dos, en el cuello y la cara. A su lado estaba Pedernera, muerto también a balazos y con un disparo en la cara: los habían rematado. Las dos muertes sellaron el destino del alzamiento, y levantamientos posteriores. Varias unidades comprometidas con la sublevación decidieron permanecer leales por esa acción. Otros jefes y suboficiales “dejaron la boina a un lado”, la boina era símbolo de los comandos de Seineldín, quién paradójicamente, había ordenado a los rebeldes no derramar sangre a toda costa.
Años después, Seineldín, que gozaba de gran admiración y respeto en la masa de las FFAA, sobre todo en las tropas comandos y ex combatientes, vió apagarse su estrella al saberse su ideología , si bien nacionalista, era claramente peronista, e instaba a quien lo escuchara, a "votar a ese valiente matrimonio del sur". Todos recordarían que un soldado no debe ser político, y él era el claro ejemplo, por ello fué engañado varias veces por los politicos, y sus buenas intenciones terminaron en desgracia. Pero a su vez profetizó verdades que hoy son ciertas, claramente cumplidas en detrimiento del país, por ejemplo:
- Destrucción de las Fuerzas Armadas.
- Consagración del relato oficial.
- Avance de entrega de la soberanía del país, la base china es el último ejemplo.
- Perdida de nacionalismo del pueblo.
- Menoscabo de la sociedad en sus valores tradicionales.
- Quebranto de identidad nacional y la corrupción.
Unos lo recordarán falsamente como golpista, otros como un gran nacionalista con la Patria siempre por delante. Prefiero recordarlo como un gran soldado, tan equivocado en sus formas como embuido en su vocación de servir al futuro del país, ya que creía en lo que hacía, realmente pensaba que defendía la Nación y lo hacía según su entender. Viendo lo que pasó después en el país, como se hipotecó el futuro de los argentinos, creo...no, estoy seguro que añoro los valores patrios de ese desventurado soldado veterano de Malvinas.



Sus valores y normas son las que sostendrán a la sociedad través del respeto, la identidad común, la cultura compartida y las normas de convivencia.
La organización de la sociedad es una estructura mediante instituciones, leyes y un orden político que permite la interacción y el desarrollo de sus individuos.
A ello sumemos la educación, otro pilar fundamental para la transmisión de conocimientos y valores, esencial para el funcionamiento social.








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