
Viajando con Checho
Valerio Meridio
Recibo un mensaje de Checho, simple y escueto, tal como es costumbre en nuestro entorno: "Camada, lunes o martes paso por tu casa". Nos conocimos a los 15 o 16 años, nos reencontramos 25 años después y seguíamos en contacto, la facilidad que dan las redes hoy. Respondí con alegría que lo esperaba.
Sabía que se había comprado una moto, se largó visitar unos parientes a San Juan desde Córdoba, donde vive, y ya que está siguió hasta la tierra del sol y el buen vino, de donde es oriundo. Cautivado por la experiencia, planificó un viaje por toda la mítica ruta 40, desde La Quiaca a Ushuaia. Claro, en sus palabras, una vez que se empieza, ya no se puede parar. De tal modo que planificó, organizó y partió a Brasil. Y desde allí, es que pasa por mi casa.
Todo lo que narré lo hizo en este año, y sólo la última vueltecita tardó para volver a su pueblo 2 meses, 7860km, 10 días de intensa lluvia, recorrió 4 países y quién sabe la cantidad de aventuras y paisajes vividos, solo con su moto y su carrito de tiro.
Todo el asunto me quedó dando vueltas. Si bien me apasionan las motos, y en mi adolescencia recorrí las rutas serranas en una vetusta Gilera 300, llegando a tocar el cielo con las manos el día que pude comprar una Shadow 750, no dudé en venderla y comprar un auto ante la perspectiva de ser padre. Pero Checho está a otro nivel, y sentí curiosidad por esa tribu de nómades motociclistas, que parecen jamás querer desmontar de sus máquinas, y las hay de toda cilindrada, ninguna es demasiado chica o demasiado grande, tienen sus códigos, saludos y costumbres que le son propias.

¿Pero que es lo que los impulsa? intuyo que las razones para viajar son incalculables y diferentes porque dependen de cada uno. Yo viajo para romper con la rutina, para tomar distancia de lo cotidiano. Ellos, parece ser, para conocer y experimentar de primera mano nuevas culturas, formas de vida, para conocer gente, para conocerse a uno mismo en las distintas situaciones que se nos presente, para conocer los propios límites. Viajan por la adrenalina, por amor al viaje, por placer a lo desconocido y por miedo a lo desconocido.
Checho me da a entender que viajar es un ejercicio de tolerancia, paciencia, audacia y perspicacia. Viajar es aprender, equivocarse y viceversa. Uno comparte experiencias con extraños con la misma intimidad con la que se cuentan secretos a un mejor amigo. Viajar es convertir a los extraños en tus amigos, hermanos, confidentes. Es para muchos una necesidad, para otros una opción y para otros un gran deseo.
Si bien sé que desde tiempos remotos los seres humanos nos hemos trasladado por distintas motivaciones y necesidades, en la actualidad, el deseo de viajar por placer para descubrir el mundo se ha vuelto un sueño de muchos, llegando en algunos casos, como Checho, a convertirse en un estilo de vida, veo en sus ojos que ya no va a parar.
En los 3 días que compartimos, me explico sus motivaciones, sus aspiraciones y sus proyectos. Es evidente que no se detendrá, irá más lejos. Es que no sólo es un Hijo del Viento, también es un viajero, un moto errante. Es extenso de relatar, lo iré haciendo en futuras crónicas vistas a través de sus ojos. Merece la pena conocer las aventuras de quién estuvo viviendo por décadas bajo un régimen de trabajo sumamente estricto y sin embargo se largó a recorrer el largo y ancho mundo.

Lo que si me queda claro, es lo que significa para él, viajar significa siempre aprender, conocer, cambiar, madurar, significa aportar a uno mismo lo más valioso que existe en este mundo: experiencias, momentos y recuerdos, tendrá recuerdos que no tienen por qué estar reflejados en una foto de medidas establecidas, sino que permanecen en un lugar mucho más profundo, más bonito y menos material que en un papel.
El lo ha descubierto, lo importante en esta vida no es cuánto tiempo viajes sino que lo hagas de la manera que más te guste, que más te sienta a gusto, donde disfrutes en su totalidad. Hoy se encuentran disponibles servicios y opciones para todos los gustos y necesidades. El mundo es un abanico de infinitas posibilidades para quienes quieran aventurarse a descubrirlo. Todos podemos hacerlo. Sólo hay que proponérselo. Ya lo decía el Dalai Lama "Una vez al año, ve a algún lugar en el que no has estado antes." VIAJA, el momento es ahora, buenas rutas, Checho.!












Aportes FANI para obras y equipamiento en escuelas de La Cabral y paraje El Lucero






