
ANASAGASTI, 115 AÑOS DE SU CONSTRUCCIÓN EN SERIE PRIMER AUTO ARGENTINO

El acto fue organizado por la Fundación Vasco Argentina Juan de Garay, el Club de Automóviles Clásicos y el Automóvil Club Argentino. Adhieren institucionalmente ADEFA (Asociación de Fábricas de Automotores), AFAC (Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes) y Club Ford V 8.
Expusieron los oradores Ing. Jorge Beramendi, Roberto Berasategui y Guillermo Viacava
Horacio Anasagasti fue un Ingeniero argentino de origen vasco que nació, el 18 de Julio de 1879. Viajó en 1907 a Milán para realizar un curso de seis meses en la fábrica italiana Isotta Fraschini. En 1909 se establece la fábrica, dedicándose él mismo a los contactos comerciales, presentando el 25 de Mayo de 1910 la primera parte del auto que consistía en el block del motor y una caja de cuatro velocidades.

La fábrica se emplazaba en las calles Libertador y Bulnes en un terreno de 20 metros por 60 metros contando con 20 empleados. Tres autos de la producción fueron exportados a Europa donde participan en competencias, de modo de prestigiar a la marca, demostrando su resistencia y confiabilidad.
El valor del Anasagasti en ese momento era de $6.000, hoy unos U$S 2.400, dando una idea del excesivo valor del automóvil, era el precio de un Ford en EEUU que era de U$S 800/900. La Guerra Mundial y el elevado valor del automóvil hace que la ecuación económica para la construcción del Anasagasti no funcionara, por lo que Anasagasti decide cerrar la fábrica, cosa que los 20 empleados se negaron a hacerlo por lo que trabajaron sin cobrar ningún salario durante un año, pero en el año 1916 la situación era insostenible por lo que se deja de construir el Anasagasti.
Anasagasti era un apasionado del automovilismo deportivo y correr era un desafío, ya que en las mismas podía medir y probar la confiabilidad del vehículo. Anasagasti compitió en Europa en el recorrido Paris – Madrid de 1500 km, entre otros, con buenos resultados regalando luego ese vehículo al Rey Alfonso VIII.

De los 50 vehículos que se calculan fueron construidos por Anasagasti solamente quedan dos vehículos, uno que fue donado por Horacio Anasagasti a la Fuerza Aérea, quienes se encargaron de mantenerlo y otro lo posee el Club de Autos Clasicos. El mismo fue adquirido en un remate en Villa Lugano en un playón de la Municipalidad.
El auto solamente tenía el chasis, pero carecía de motor, carrocería, radiador, volante, etc. Luego de mucho buscar el dueño del Anasagasti dio con un capataz de la fábrica Anasagasti de apellido Sinigaglia quien en su casa poseía un motor nuevo, radiador con todo el frente y el escudo, entre otros repuestos.
Ya el Anasagasti tomó más forma siendo expuesto en 1977 en una exposición de autos clásicos. En 1996 el Club de Autos Clásicos decide enviar a construir una carrocería, finalizando el modelo que hoy vemos en exposiciones.
Los motores que eran utilizados en estos vehículos eran de cuatro cilindros ciegos de 12 y 15 HP, con una cilindrada de 2125 cm3 refrigerados por agua por sistema de termosifón, sin bomba de agua, con una caja de cuatro marchas de engranajes rectos que obligaba a los conductores a tener destreza en su conducción.

En la foto de arriba (1913) se puede ver la mascota de la Escuela de Aviación de El Palomar, su nombre era “El Chato” porque pasaba corriendo por debajo de las hélices de los aviones con singular audacia. Está montado en un vehículo muy particular, se trata de un Anasagasti argentino.
La historia de la fábrica Anasagasti tiene ganado un capítulo importante, no sólo en la historia de El Palomar, sino en el desarrollo de la industria automotriz argentina, una de las primeras desarrolladas comercialmente a nivel mundial.
El Anasagasti significó la puesta en marcha de una empresa enfocada al objetivo de lograr un auto nacional, un auto argentino. Lo curioso no termina ahí, basta indicar que el Anasagasti fue el primer auto fabricado en serie en la República Argentina, y además de esto, por una empresa también nacional. Tuvo una vida efímera, como muchas buenas ideas de la Argentina. Así, la primera fábrica nacional de autos “Horacio Anasagasti y Cía. Ingenieros Mecánicos” funcionó a partir de 1911, hasta la mitad de la primera guerra mundial (1916), cuando tuvo que cerrar por problemas económicos y ningún tipo de apoyo.

Los Anasagasti tuvieron una versatilidad que, ubicada en aquélla época, nos habla de una apertura popular. Los registros dan cuenta de un trabajo a la par entre socios y empleados, sin distinciones. Sus empleados cobraban los sueldos más altos de la época, laboraban ocho horas máximas de jornada y gozaban de otros beneficios para la época.



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