
El caballo
Valerio Meridio
El hombre aprendió a montarlo hace 4 mil años, antes de eso solo era una presa de la que alimentarse, pero después su domesticación equivalió a una revolución sólo comparable a la llegada del sedentarismo, la invención de la rueda y el dominio del fuego. Los caballos de granja tuvieron una gran repercusión en la productividad agrícola, sobre todo a finales de la Edad Media.
Con el caballo el hombre pudo viajar mas rápido y mas lejos que nunca. Y a lomo de caballo, también llevar gérmenes, cultura y genes a lo largo de vastas áreas del planeta. Hasta se podría decir que la guerra fue creada por el caballo. Cómo una ironía del destino, estos animales nacidos y mejorados genéticamente en asentamientos sedentarios, fueron aprovechados por los pueblos nómades para llevar la guerra hacia donde iban. Luego ellos también levaron a cabo una selección artificial de la domesticación que aumentó el tamaño de los corceles. Vaya como ejemplo hunos, frigios y mongoles.

Hace 99 años, dos caballos argentinos, Gato y Mancha, conquistaron el récord mundial de distancia y altura de la época al ir desde Chubut a Nueva York.
La aparición de imperios que se levantaban en más de un continente se debe a la caballería y los carros de combate que empezaron a aparecer arrastrados por caballos. Ellos permitieron que del simple pillaje se pasara a la guerra mas organizada, las hordas volantes ahora mas estructuradas daban a luz a nuevas estrategias mas guerreras.
En la historia han quedado grabado los nombres de caballos debido a que iban de la mano de las hazañas de sus Jinetes. Algunos eran de historias de ficción, como Rocinante, el caballo de don Quijote, el Caballero de la Triste Figura que pensó por cuatro días su nombre. Otros nos queda la duda si existieron, como Babieca, la yegua del noble castellano Rodrigo Díaz de Vivar, mas conocido el Mío Cid o el Cid Campeador. Otros existían, pero no tenían vida como el Caballo de Troya, artilugio construido por los sagaces aqueos que les permitió vencer a los troyanos. Claro, por su importancia, el rey de los dioses del Olimpo también tenía el suyo, Pegasus, el caballo blanco y alado de Zeus. En los de carrera no hay que olvidar a Secretariat, el gran rojo, que logró records aún sin superar o Seabiscuit, un caballo de carreras perdedor que se convirtió en la esperanza de los desheredados y los empobrecidos por el Crack del 29. Y así una larga lista, como Bucéfalo de Alejando Magno. Incitatus, el caballo que Calígula hizo cónsul de Roma. Othar, el caballo de Atila del que se decía que no volvía a crecer el pasto donde pisaba. Marengo, el famoso semental blanco de Napoleón.
Dos caballos famosos en la historia argentina fueron Gato y Mancha. Estos caballos criollos argentinos marcharon desde Buenos Aires, Argentina a Nueva York, Estados Unidos, guiados por el suizo Aimé Félix Tschiffely. Su increíble travesía los hizo famosos y les ganó admiradores en todo el mundo. Gato y Mancha son conocidos por perpetrar una de las más grandes odiseas de la historia de la hípica: Unir Argentina y Estados Unidos, cruzando para ello la práctica totalidad de América del Sur. Y sufriendo en su paso por los Andes . La historia de Gato y Mancha es un ejemplo del espíritu resistente y valiente de los caballos criollos argentinos. Su viaje épico demostró la resistencia y la tenacidad de esta raza de caballos, y los convirtió en símbolos de la fortaleza y el coraje argentino. Al ser la historia de estos caballos criollos argentinos una de las más célebres del mundo equino, y emulando ese mismo viaje, dos IA-63 Pampa, partieron al concurso Joint Primary Aircraft Training System (JPATS), y fueron bautizados Gato y Mancha en su honor.

Los prototipos EX-02 y EX-03 del IA-63 Pampa que se presentaron en el concurso internacional Joint Primary Aircraft Training System (JPATS) denominados Gato y Mancha en honor a esos caballos criollos.
En el argot argentino, hoy el término caballo se aplica a personas torpes, de pocas luces. Una forma coloquial de describir a una persona con ciertas características negativas, que nada tiene que ver con el noble equino. Pero lo que hay que tener muy en cuenta es que el caballo también ha influido en nuestra historia nacional, desde la colonización hasta hoy. Ha dejado su impronta en el folklore y toda nuestra cultura. Como prueba de ello está la destreza del gaucho, centauro de las pampas y la habilidad del jinete argentino actualmente reconocido en todo el mundo por su destreza ecuestre, elevando la reputación de Argentina en el mundo equino. Los caballos han sido durante mucho tiempo un símbolo arraigado de la identidad nacional en Argentina. ¿Qué es un Granadero de San Martín sin su caballo?
No existe una plaza principal, así sea la ciudad mas pequeña sin su estatua ecuestre ni festividad gaucha que no se realice en sus proximidades. El caballo ha penetrado todos los aspectos de la cultura argentina, porque es noble, pero con pasión y valentía, símbolo del pueblo, de la identidad nacional que se ve reflejada en esos mismo valores.
La presencia de los caballos en la historia argentina ha sido fundamental por su papel en las guerras de independencia y en la vida cotidiana de la sociedad gaucha. Sin duda, los caballos seguirán siendo un símbolo de la historia y la tradición argentina por muchos años más.
El caballo hoy está relegado a un papel secundario en la mayoría de las regiones del planeta. Pero ningún otro animal ha impactado tanto en la historia. Ni siquiera el perro. En la mayoría sigue arraigado el tabú de comer carne de caballo, fruto de una relación de 4 mil años con quien se convirtió en compañero, en amigo.



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