

La industria láctea argentina atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente. El consumo, en caída sostenida desde hace años, no muestra signos de recuperación, mientras que el endeudamiento —heredado y profundizado especialmente en el último bienio— asfixia a las empresas del sector. A pesar de las particularidades de cada caso, el combo de ventas en retroceso, escaso acceso al financiamiento tanto local como externo, y el aumento constante de los costos laborales y productivos, ha sido letal para muchas firmas.
SanCor y Lácteos Verónica, compañías emblemáticas del rubro se enfrentan este 2025 con una incertidumbre alarmante: no saben si podrán seguir operando en el mediano plazo. Lo único claro es que, sin una mejora urgente en el nivel de ventas, el futuro del sector se vuelve cada vez más incierto.

Lácteos Verónica: un caso emblemático de la crisis que atraviesa la industria lechera.
A medida que se acerca el cierre de 2025, la empresa enfrenta un futuro incierto y aún no tiene claro cómo continuará operando en 2026. Tras cuatro meses de inactividad, logró reanudar parcialmente su producción a fines de septiembre, luego de alcanzar un acuerdo con el gremio ATILRA y el Ministerio de Trabajo de Santa Fe. Como parte del entendimiento, puso en marcha un plan de pago para saldar los salarios adeudados a sus casi 700 trabajadores.
Verónica enfrenta una situación financiera crítica, con una deuda que sigue creciendo. Aunque en octubre logró cumplir parcialmente con sus compromisos, la realidad económica de la empresa es alarmante: durante 2025 emitió miles de cheques sin respaldo y mantiene millonarias deudas con sus proveedores.
Según registros del Banco Central (BCRA), la firma acumula cerca de 3.500 cheques rechazados por falta de fondos, una cifra que refleja la magnitud del deterioro financiero que atraviesa.
Sumida en una crisis financiera que se agrava con el paso del tiempo. En el último año, la empresa logró cubrir apenas 560 cheques de los casi 3.500 rechazados por falta de fondos, lo que representa apenas el 16,1% del total emitido. Según datos del Banco Central (BCRA), la deuda acumulada por estos documentos asciende a unos 12.698 millones de pesos.
La falta de insumos, producto de las deudas con proveedores, obstaculiza cualquier intento de recuperación. Actualmente, la firma opera bajo la modalidad de producción “a fazón” —para terceros— en sus plantas de Lehmann y Suardi, mientras que en Clason, su principal establecimiento, la actividad permanece prácticamente paralizada.
En esa planta, apenas se procesan 20.000 litros de leche cada dos días, volumen que permite apenas una hora de envasado. La elaboración de productos clave como quesos, dulces y manteca sigue completamente detenida, lo que explica la ausencia de la marca en góndolas y heladeras de supermercados.

SanCor, al borde del colapso: más de 300 pedidos de quiebra y una deuda millonaria
La histórica cooperativa láctea atraviesa una situación límite. En concurso de acreedores, acumula una deuda superior a los $20.000 millones solo en concepto de sueldos impagos y obligaciones sociales y sindicales. Según fuentes vinculadas a la unión de cooperativas, SanCor enfrenta más de 300 pedidos de quiebra, lo que la deja al borde del cierre definitivo.
En un hecho inédito para el sector, el juez Guillermo Vales —a cargo del concurso— convocó a los acreedores a presentar propuestas de reactivación para la empresa. En respuesta, la directiva presentó recientemente un plan de crisis que contempla el recorte de 304 puestos de trabajo como medida inicial para sanear sus cuentas.
Sin embargo, los antecedentes no son alentadores: en los últimos dos años, SanCor ya ejecutó 370 despidos sin lograr revertir su déficit operativo y financiero. “Actualmente hay un poco más de 300 pedidos de quiebra y ahora se le corrió traslado a la empresa, que debe contestar y defenderse”, declaró Aldo Regali, abogado patrocinante de numerosos empleados de la firma.
Hoy, la cooperativa apenas se sostiene gracias a contratos de producción a fasón con empresas como Elcor, Punta del Agua y La Tarantela, que le permiten mantener una actividad mínima.
El sector lácteo argentino atraviesa un escenario crítico, donde múltiples factores convergen para poner en jaque la continuidad de numerosas empresas. Al elevado nivel de endeudamiento que arrastran muchas compañías, se suma una sobreoferta de leche cruda que crece semana a semana y se aproxima a los picos estacionales, en un contexto de demanda interna deprimida.
El mercado local, principal canal de comercialización para las pymes del rubro, no logra absorber los volúmenes disponibles. A esto se suma una caída de entre el 5 y el 10% en los precios finales, reflejo de un consumo retraído y del deterioro del poder adquisitivo de los hogares.
El panorama se agrava aún más por las dificultades para exportar: el tipo de cambio vigente y la pérdida de competitividad externa restringen la colocación de excedentes en el mercado internacional. Como consecuencia, muchas empresas acumulan stock sin poder encontrar salidas comerciales rentables.


La alta presión tributaria estaría generando que hasta un 40% de los tambos opere en la informalidad.

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