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PERROS DE GUERRA EN MALVINAS, historias de bravura y valentía

Tom fue la mascota de un grupo de soldados que lo llevaron de polizón; en la guerra de 1982 también se destacaron los ovejeros de la Infantería de Marina, algunos de los cuales se quedaron en las islas para siempre

ACTUALIDAD 10 de abril de 2022 Valerio Meridio Valerio Meridio
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 La Infantería de Marina de la Armada Argentina destacó   18 perros de guerra en la Gesta de Malvinas, contándose con numerosas actuaciones heroicas por parte de estos “soldados”. Los perros llegaron a suelo malvinense el 11 de abril de 1982.

A la zona próxima al combate fueron enviadas cinco parejas: los conscriptos Carlos Del Greco con el “Ñaro”, Raúl Andicochea con el “Negro”, José Cruz con el “Vogel”, Luis Giulliani con el “Warner” y Carlos Silvas con la “Xuavia”.

Negro y Ñaro fueron al frente por su bravura y valentía. Eran los mejores del batallón, porque participaban de todas las exhibiciones (desarme de enemigos, control de detenidos y saltos de altura). Xuavia porque era extremadamente celosa y guardiana.

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Los machos desaparecieron en el fragor del combate entre el 13 y el 14 de junio. Todos los esfuerzos por encontrarlos fracasaron y se presumió que ambos murieron en combate porque nunca fueron hallados sus collares. De haber seguido con vida, su instinto y sensibilidad los hubiera traído de regreso.

Sólo regresó Xuavia. La noche del 13 al 14 de junio, luego de soportar un intenso bombardeo británico sobre las posiciones argentinas, Xuavia regresó junto a las tropas patriotas a Puerto Argentino pero repentinamente se separó y corrió hacia la negrura de la noche.

Varias horas después fue encontrada dándole calor con su cuerpo a un soldado del Ejército Argentino que estaba herido, a quien llevaron prontamente al hospital. De no haber sido por Xuavia, ese soldado habría muerto congelado y desangrado.

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Vogel

De la dotación de perros de guerra de la Armada veteranos de Malvinas, el que superó a todos en longevidad, el más viejo, fue Vogel; un ovejero alemán nacido también en Puerto Belgrano.

Vogel, sobrevivió al conflicto, participó de varias misiones nocturnas, entró en combate con los comandos del BIM5 en reiteradas oportunidades. Vogel marchó junto al BIM5 – Batallón de Infantería de Marina 5 – el único batallón que no se rindió ante los ingleses e ingresó marchando a Puerto Argentino sin entregar sus armas y distintivos. A Vogel los ingleses no pudieron sacarle su collar. 

Vogel fue el primer perro de guerra de Argentina en recibir una condecoración por su accionar en combate. Hasta su muerte presidió todas las ceremonias de la Unidad luciendo en su capa la condecoración otorgada por la participación en la gesta. Las Fotografías de Negro y Ñaro, desaparecidos en combate, están en su Batallón y en el Museo de la Infantería de Marina. 

Al fallecer, el 1 de diciembre de 1991, fue enterrado en la Agrupación Perros de Guerra. Su tumba mira hacia las islas y es monumento en honor a todos los perros veteranos de guerra.

Tom

Pero el tercer perro caído en el enfrentamiento entre la Argentina y el Reino Unido no fue un can militar, no tenía pedigree ni había sido entrenado para la batalla. Este último héroe fue un callejero sin raza que viajó como polizón a las islas escondido entre los soldados del Grupo de Artillería 101 del Ejército Argentino, al que bautizaron Tom.

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La historia de Tom, cuyo nombre corresponde a las iniciales “Teatro de Operaciones Malvinas”, fue relatada por el Veterano de la Guerra de Malvinas (VGM) Omar Alberto Liborio, con un sentimiento tan profundo que desde que se publicó en los primeros blogs de principios de los años 2000, en cada aniversario vuelve a viralizarse con mayor fuerza.

Según se supo tiempo después, los 18 perros tácticos no fueron los únicos que viajaron a las Islas Malvinas, sino que hubo otro, llevado por el Cabo Primero Omar Alberto Liborio,
al que llamo “TOM”, el perro artillero. Al poco tiempo Tom, se transformó en el ser más mimado y querido por los soldados, quienes lo ocultaban de los superiores.

En Malvinas, Tom se comportó como un bravo artillero, él se paraba delante de los cañones del Grupo de Artillería 101, y ladraba. Cuando había alerta roja de bombardeo naval, era el primero en salir del refugio para buscar a los soldados más alejados, y el último en cubrirse.
Compartía con los soldados la comida, el abrigo, y jugaba dándoles ánimos a sus amigos combatientes.

En Malvinas, Tom se comportó como un bravo artillero. Cuando tirábamos con la máxima cadencia de fuego hacia los británicos, él se paraba delante del cañón como el mejor de los combatientes; siempre ladraba y jugaba con aquél que estaba bajoneado en los momentos de calma para darle ánimo; cuando había «alerta roja de bombardeo naval» era el primero en salir del refugio para buscar a los más alejados y el último en entrar a cubrirse; y muchas veces su instinto canino presintió los bombardeos aéreos antes que se gritara la alarma, lo cual manifestaba con ladridos que ya conocíamos. Compartía con nosotros la comida y los soldados le fabricaron un abrigo con los gorros de lana y bufandas.

El 11 de junio, a las 11:15 hs, un avión pirata se lanzó frenéticamente sobre nuestra posición bombardeando nuestro cañón y haciéndolo estallar, nosotros corrimos a cubrirnos y Tom que, como siempre, estaba parado sobre una roca y ladraba dando la señal de alerta.

El avión efectuó otra pasada, esta vez ametrallando con furia nuestra tropa que repelía el ataque con fusiles. En ésta oportunidad varios fueron heridos (yo entre ellos), y Tom, que corría avisándoles a los más distantes, fue alcanzado por las esquirlas.  

El humo y el olor a pólvora cubrieron el lugar. Como pudimos, heridos, buscamos a Tom y lo encontramos tendido sobre una piedra, inmóvil, con sus grandes ojos negros mirándonos y despidiéndose lentamente de sus camaradas. 

Tom falleció dando el alerta del ataque. Gracias a su heroico accionar salvaron sus vidas 12 soldados argentinos.

Allí quedó para siempre nuestro cañón y el mejor testigo de esta Gesta, nuestro querido Tom. Allá en la fría turba malvinera él es otro bastión argentino, que junto a los héroes que dieron su vida por la Patria, significan soberanía y un especial estilo de vida.

 Cuando volví al continente, en honor a él, todos los perros que tuve se llamaron Tom y mientras yo viva, así lo haré. Tom en Malvinas fue mi mejor amigo. ¡Y yo… jamás olvido a mis amigos! (relato del Cbo 1º VGM Omar Liborio del GA 101 EA)

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Mortero
Fue perro guía y alerta, participaba de expediciones y patrullas; gracias a su instinto y entrenamiento dió aviso de varias patrullas enemigas y también de bombardeos.
Mortero volvió con sus camaradas del regimiento, fue embarcado en el navío inglés Norland. Cuentan que apenas subió al buque Mortero les orinó la alfombra, por tal motivo los ingleses lo quisieron tirar al agua, pero no pudieron por la ferocidad de Mortero y porque los soldados argentinos formaron una barrera humana y no dejaron que toquen a Mortero. Mortero quedó registrado como el primer prisionero de guerra canino de la historia.

Yo volví prisionero en el NorlandHoln y gracias a mi inglés chapurreado me pusieron como traductor. Un día, durante el viaje de vuelta al continente, me sacan del camarote (eufemismo para una habitación de 1,5 x 2,5 mts, con 2 catres) que compartía con 3 soldados de ejército y me explican (los ingleses) que había en la bodega un perro llamado «mortar» (mortero) , que en un principio se negaron a embarcar pero que el Capitán del buque, ante la insistencia y rechazo vehemente de su «perrero» a abandonarlo, había accedido a hacerlo, pero como humorada le hizo la advertencia de que «si el perro mordía a alguien ambos serían arrojados por la borda». Resulta ser que el animal se negaba a ser alimentado por los «gringos» y por el bien del animal me pidieron que localizara al guía para que lo haga. Pasamos por varios «camarotes» preguntando por él y al hacerlo rápidamente me respondían que no lo conocían o no sabían dónde estaba. Hasta que al preguntar en uno , todos permanecieron en silencio sin decir nada, volví a preguntar y nada, me di cuenta de que algo pasaba, al preguntar por tercera vez, el soldado más alejado y casi oculto tras sus compañeros, atinó a preguntar con voz preocupada ¡¿ MORDIO A ALGUIEN EL PERRO ?!.

Cuando estábamos todos sentados en la bodega de carga del buque, ya en Puerto Madryn, esperando ser desembarcados, mientras los guardias se paseaban a nuestro frente armados con sterlings, apareció trotando alegremente «mortero». Uno de los guardias a mi frente comenzó a llamarlo y al ver a «mortero» avanzar hacia él con la cabeza gacha y meneando la cola escuché a mi alrededor murmullos de «perro traidor» «vendido» y cosas por el estilo. Mortero llegó frente al guardia, se sentó sobre sus patas traseras y mirándolo al rostro… le lanzó a los pies una meada interminable. La carcajada que se escuchó como un trueno en todo el buque fue impresionante. Juro por mis hijos que esto fue así y justamente delante de mis ojos. Amaba ese perro. Testimonio del VGM Juan José Funes.

A partir del 15 de junio, los integrantes de la Sección permanecieron como prisioneros en el aeropuerto, rodeados de barro y con frío, pero con el suficiente espíritu se organizaron junto al resto de los integrantes de la Armada, ubicándose en carpas individuales o para más personas. Las actividades solo se limitaron al cuidado de los perros y a hacerlos caminar por la zona en la que estaba permitida la circulación.

La mañana del 15, Servicios para Apoyo de Combate (SPAC) de la Armada pudo cargar dos camiones con alimentos que fueron llevados al aeropuerto. En esa circunstancia, fue requerida la presencia de los perros para custodiar la mercadería, tarea que cumplieron en forma sobresaliente.

Finalmente, el 20 de junio por la tarde, la Sección en su totalidad salió del aeropuerto hacia Puerto Argentino. Todos sus integrantes fueron embarcados en el remolcador ARA “Yehuin” – que ya estaba tripulado por ingleses – y trasladados al rompehielos ARA “Almirante Irizar”, designado como buque-hospital durante el conflicto.

Subir al buque no fue fácil, los guías debieron sobrellevar su propio cansancio y subir a cada perro de un buque a otro, entre los cuales había una importante diferencia en altura. Para ello se empleó la escala real de una banda. Meritoria tarea de los conscriptos en asegurar no perder a ningún perro, los cuales tenían el temor habitual de estar en un medio anormal para ellos. Sólo la confianza mutua de guías y perros permitió realizar esta esforzada tarea.

El “Irizar” puso proa a Ushuaia y la Sección desembarcó allí el 22 de junio, permaneciendo a bordo la totalidad de los perros y dos conscriptos designados para su cuidado, Carlos Del Greco y Ceferino Cáceres. Los que desembarcaron fueron en avión a Río Grande primero y a la Base Aeronaval Comandante Espora después, para arribar finalmente al Batallón Seguridad de la Base Naval Puerto Belgrano (BNPB).

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La llegada a la Unidad fue muy emocionante y aún está grabada en los recuerdos de sus Veteranos; todos los integrantes estaban formados en la Plaza de Armas.

La Sección Perros de Guerra, con la misma ropa embarrada que traían desde hacía varios días, cansados, desanimados, después de soportar varios días como prisioneros de guerra, formaron fuera de la Plaza de Armas, irguieron sus cuerpos y entraron desfilando. El silencio era absoluto y solo se oía el taco al unísono que clavaban los integrantes de la Sección, quienes además realizaron el mejor desfile que se hubieron imaginado. Bastó que el Comandante ordenara “Rompan filas”, para que todo el Batallón los recibiera con aplausos y abrazos.

Finalmente, el 27 de junio arribó a la Base Naval Puerto Belgrano el rompehielos con los 16 perros y los dos conscriptos restantes.

Por la actuación de la Sección Perros de Guerra en Malvinas, la bandera del Batallón Seguridad de la Base Naval Puerto Belgrano, recibió en 2009 la condecoración “Operaciones de Combate”.

La Sección Perros de Guerra cumplió un papel importante dentro de la Gesta de Malvinas, junto a otras unidades, secciones y grupos de los diferentes componentes. Conformada por santafesinos, tucumanos, bonaerenses y porteños, cumplieron con la misión asignada y supieron mantener la unión entre ellos para salir adelante en cada situación que se fue suscitando durante el conflicto. Los cuadros volvieron con todos sus soldados, hecho no menor para cualquier Jefe, con la tristeza propia de haber perdido dos perros en acción.

Batallón Seguridad ARA Agrupación Perros de Guerra:

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Nando
Vogel (último sobreviviente, falleció el 1/12/91)
Warner
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Falu
Keni
Negro (desaparecido en acción)
Franky
Nick
Duque
Ñaro (desaparecido en acción)
Ranquel
Ñancul
London
Onix
Xuavia 
Olaf

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