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BONO Y CASTILLO. O de como el destino y la amistad se aúnan

Se conocieron al ingresar a la Escuela de Aviación Militar en 1975, enseguida fueron camaradas y amigos. Una llamarada de gloria se los llevó a ambos en distintas misiones el mismo día, honrando su juramento supremo, ese día cumplían el 2° aniversario de casados.

ACTUALIDAD 30 de marzo de 2022 Valerio Meridio Valerio Meridio
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BONO Y CASTILLO Ya egresados de la Escuela de Aviación Militar, delante de un MS-760 Paris, de fabricación nacional, en la IV Brigada Aérea en Mendoza, donde realizaron el Curso de Estandarización para Aviadores de Combate

Los dos  cordobeses, se conocieron febrero de 1975 en la Escuela de Aviación Militar, ni siquiera habían cumplido veinte años. Los dos eran talentosos y la mano derecha uno de otro, muy unidos, estuvieron muy adelantados con respecto a los demás, eran aviadores natos, estaba en sus genes, el cielo era su elemento. Juntos hacían todo, y no solo lo que tenia que ver con sus deberes diarios o el estudio. En los francos del fin de semana jugaban al fútbol en  Oliva, ciudad natal de Castillo. Y fué precisamente allí donde conoce a Miriam Ibarra, compañera de banco de Castillo. En la misma época, Castillo conoció a Norma Rela,  que tiempo después sería su esposa. 

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Las dos parejas comparten todo, hasta el día del casamiento, el 24 de mayo de 1980, los cuatro dieron el “sí” por Iglesia, los Castillo en Oncativo y los Bono en Oliva. Claro que los Bono se escurrieron de su fiesta a la de los Castillo, y se fueron así, hasta Oncativo, uno en su uniforme de gala y ella de vestido de novia, no era cuestión aceptable estar separados en un día tan memorable.

Luego llegó el momento de volar separados. Después de egresar de la Escuela de Aviación Militar tras cursar cuatro años, y al culminar con éxito el Curso de Estandarización para Aviadores de Combate en la IV Brigada Aérea. Carlos Castillo fue enviado a Tandil, como parte del Escuadrón Dagger, y Jorge Bono queda  en Mendoza, integrando el escuadrón Skyhawk. 

Cosas del destino, los dos entrañables amigos, en la guerra serían destinados con sus escuadrones a la Base Aérea de San Julián, desde donde despegarían a combatir.

Al momento de los combates en las Islas Malvinas, Miriam acababa de dar a luz a Nicolás y Norma estaba embarazada de Claudio. El bebé Castillo, que jamás conocería a su papa, nacía  en julio de ese año.

Relato del entones Alférez Martinez sobre la muerte del Teniente Bono: JAMAS SUPIMOS DE ÉL

BONO HÉROE

Para la noche del 24 de mayo de 1982 teníamos la seguridad del desembarco inglés en Puerto San Carlos. El día 24 de mayo llegamos temprano a la base, nos colocamos nuestros equipos antiexposición y esperamos la llegada de la orden Fragmentaria.

Mi escuadrilla estaba integrada por el 1° José Daniel Vázquez, el Alférez Martínez (yo) y el Tte. Jorge Bono.

Realizamos nuestra navegación junto con el Teniente Lucero. La escuadrilla tenía como indicativo “Jaguar”. Los pronósticos meteorológicos eran bastante buenos y una vez que despegamos mantuvimos nuestra formación en completo silencio hasta el reabastecedor, allí completamos nuestros aviones de combustible y el Jaguar 4 se volvió… Salimos del reabastecedor KC-130, nos colocamos en formación de combate alto y continuamos con el silencio de radio.

Luego de 15 o 20 minutos de salir del reabastecedor comenzamos en descenso según habíamos calculado, para eludir el posible lóbulo de radar.

Ya nos encontrábamos en vuelo rasante y a la vista de la costa oeste de la Gran Malvina, cuando escuchamos que la otra escuadrilla de A-4C, que iba adelante nuestro, había sido interceptada por aviones Harrier. Esto, como es de suponer, aumento mucho más nuestro nerviosismo y tensión, ya que escuchamos las órdenes y gritos de nuestros camaradas que trataban de eludir a los aviones enemigos.

Continuamos rasante y acelerando nuestros aviones a pleno, nos pegamos bien al terreno esquivando todas las elevaciones que íbamos encontrando en nuestra ruta.

Cuando mi instrumental me indicaba que faltaba un minuto de tiempo al objetivo, me invadió una tranquilidad absoluta. Pensé solamente en mi vida, en los míos y me encomendé a Dios.

Ante mis ojos apareció una gran cantidad de buques de guerra; el Nº 1 cerró viraje a la derecha señalando el blanco, pegándose bien al agua y lo seguimos. Vi a mi frente pequeñas nubes de humo negro producidas por la artillería antiaérea de los buques; oprimí fuerte el disparador de cañones, y concentre mi atención en la altura sobre el agua y en colocar mi colimador sobre la silueta del barco enemigo. Pasamos sobre el descargando nuestras bombas; salimos pegados al agua y continúe viendo como la artillería antiaérea seguía disparándonos. Por el espejo retrovisor alcancé a ver una explosión que supuse en ese momento eran los impactos de nuestras bombas.

De pronto mire a mi izquierda y vi al número 3 volando más bajo que yo y perdiendo combustible. Avise la novedad al Nº 1 y esté me confirmó que yo también tenía una pequeña perdida, contestándole que él tenía un agujero muy grande ya que su combustible se perdía muy rápidamente. Controlamos nuestros instrumentos del motor; todo normal; pérdidas de hidráulico: ninguna. Entonces, le grite al Nº1:

-“¡Al reabastecedor!”

– “¡Vamos!”, me contesto y en ese momento me llene de euforia, ya que la misión estaba cumplida. Salíamos los tres, maltrechos, pero salíamos.

Continuamos un trecho rasante ya que nos habían informado que se habían detectado PAC sobre el Estrecho de San Carlos.

Al llegar a la Gran Malvina, comenzamos el ascenso, una vez que ya habíamos eyectado nuestros tanques suplementarios.

Nos encontrábamos en la Bahía 9 de Julio, el Nº2 iba formando a la derecha del Jefe de Escuadrilla y el Nº3 un poco retrasado y debajo del jefe, cuando observé que el avión del Teniente Bono comenzaba una suave picada con un viraje a la izquierda. Le pregunte si tenía algún problema; estábamos aproximadamente a 7.000 metros de altura.

El Jefe de la Escuadrilla le pregunto su problema y me dijo que no lo veía. Continué viéndolo caer cada vez más picado e inclinado; se le ordenó la eyección. Le volví a gritar que se eyectara, trate desesperadamente de ver salir el asiento eyectable pero no vimos ningún paracaídas y nuestro combustible no nos permitía orbitar para ver lo que tanto deseábamos. 

De allí en más toda la euforia se apagó; cada uno continúo con sus pensamientos. De a ratos chequeábamos nuestro combustible remanente, el tiempo y la distancia. El KC-130 nos daba aliento, hasta que, gracias a pilotos, tuvimos a la vista al Hércules; digo gracias; porque ellos se acercaron muchísimo a las islas, tratando de acortar la distancia y ayudarnos en todo.

Comenzamos a descender y fuimos directamente a acoplarnos al KC-130. Allí nos verificaron los agujeros, la gran pérdida del Nº1, el que decidió continuar acoplado hasta próximo al continente ya que eso nos aseguraba en gran medida nuestro retorno.

Continuábamos vigilando el cielo por posibles interceptores enemigos, aunque ya la gran tensión había pasado.

Pronto tuvimos al continente a la vista; nos desacoplamos y fuimos a nuestra base.

Aterrizamos se detuvieron los motores. Yo estaba tenso por los nervios acumulados y totalmente empapados por la transpiración; mi jefe de Escuadrilla ya estaba esperando al pie del avión.

Nos dimos un fuerte abrazo; lloramos en silencio, sin estridencia. Habíamos dejado a otro camarada en nuestras islas; nuestras gargantas estaban mudas. Llegamos a la sala de pilotos y allí todo era euforia y felicitaciones, hasta que se tuvo conocimiento de la falta de uno de los Halcones que no había regresado a su nido; pero como todos los demás que cayeron estaba y estará siempre en el corazón de todos y cada uno de nosotros.

Castillo y su paso a la gloria

Castillo

El 24 de mayo tres Mirage M-5 Dagger, con el indicativo de radio "Oro", armados con dos bombas retardadas por paracaídas, se lanzan al ataque en el estrecho de San Carlos, los ingleses han desembarcando.

Los ataques aéreos argentinos se suceden violentamente desde 21 de mayo de 1982, todo gracias a los avisos del Teniente Primero Esteban, del Ejercito Argentino, en tierra y al del Teniente de Navio Crippa, de la Armada Argentina, desde el aire,  dos soldados de esta gesta, con historias igualmente épicas, que desarrollaremos es otras notas.
Los Dagger llegan al mando de los pilotos Capitán Raúl Díaz (Dagger C-419), Mayor Luis Puga (Dagger C-410) y Teniente Carlos Castillo (Dagger C-430), despegaron de San Julián a las 10:24 hs.
Esta escuadrilla que seguía de cerca a la escuadrilla  "Plata", fue interceptada, aproximadamente a las 11:04
hs, por una PAC al norte del estrecho de San Carlos, sobre Bahía Elefante. Detectados por la
Broadsword, la PAC (Lt Cdr Andy Auld, Lt Dave Smith del Sqdn. 800), los interceptó.
El misil de Smith impactó en el Dagger de Castillo quien, sin eyectarse, cayó al mar.

Instalaciones del Museo-Parque de la ciudad de Oliva, en la actualidad, se lleva a cabo una emotiva ceremonia, a la que asisten autoridades provinciales y municipales; representantes de las Fuerzas Armadas y de Seguridad; Veteranos de Guerra; hijos y familiares de caídos; alumnos y docentes de escuelas locales, organizaciones civiles y público en general. Luego, el secretario general de la Fuerza Aérea Argentina, brigadier José Videla, junto al director del Museo, Gabriel Fioni, y autoridades presentes descubrieron una bandera argentina de la trompa del avión Mirage M-V Dagger C-415 que la Fuerza Aérea Argentina entregó en comodato para que sea exhibida y preservada allí a fin de que los espectadores lo conozcan y sepan de sus hazañas durante la Guerra.

Es una aeronave que fue utilizada durante el Conflicto de Malvinas y tripulada por el primer teniente (PM) Carlos Julio Castillo, oriundo de esa ciudad y único caído del II Escuadrón Aeromóvil Dagger “La Marinete”. Su único hijo, Claudio Castillo, subió a la cabina del C-415, asistido por el personal que ayudó a su papá por última vez, y tomó contacto no sólo con el avión sino con su uniforme, al que obsequió personalmente al intendente de Oliva, para que sea preservado en el Museo Nacional de Malvinas.

WRTH

Aquel 24 de mayo de 1982, tanto Bono como Castillo tuvieron que pasar el aniversario de su casamiento en combate.  El primero en despegar en misión de combate aquel día fue Castillo, junto a su escuadrón de MV atacó el desembarco inglés en San Carlos . Dos horas después, Jorge Bono salió junto a su escuadrón A4C, con el mismo objetivo. El avión de Castillo fue alcanzado por un misil y explotó en el aire. El de Bono cayó al agua en un viraje descendente a causa de la cantidad de proyectiles que había recibido. Los dos amigos murieron el mismo día y sus cuerpos nunca fueron encontrados.

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